Picasso, absenta y Els 4 Gats


Picasso. El bebedor de absenta

A finales del siglo XVIII se empezó a destilar la absenta, una bebida mítica, prohibida, adictiva y con efectos alucinógenos que siempre ha estado cerca de los artistas y ha tenido la capacidad de inspirar muchas de sus obras.

Fabricada a partir de un destilado de hierbas de ajenjo, anís y ruda, en su origen se le atribuían efectos medicinales y a mediados del siglo XIX fue recetada como antipirético a las tropas francesas que luchaban contra Argelia. Una vez acabadas las hostilidades y de vuelta a Francia, los milicianos siguieron consumiéndola en los bares, popularizando su consumo y según cuentan algunas crónicas, utilizando los puentes de Montparnasse de París como lugares en los que poner fin a una vida dominada por crisis existenciales. Quizás producto del elevado consumo de un licor con alta graduación alcohólica. Aquí se inició la leyenda de la alucinógena absenta que se potenció con poemas y escritos que ensalzaban sus cualidades espirituales, origen de la sociedad de la absenta con los grupos artísticos y culturales. En aquella época, Degas, Manet, Toulouse-Lautrec, Baudelaire o Rimbaud dejaron testimonio pictórico y escrito de su adoración por esta bebida y se especula que Van Gogh se cortó la oreja bajo los efectos de su consumo. Muchos años más tarde Oscar Wilde nos dejó una de las míticas frases que representa la influencia de la absenta en esa sociedad creativa: “Tras el primer vaso, uno ve las cosas como le gustaría que fuesen. Después del segundo, uno ve las cosas que no existen. Finalmente, uno acaba viendo las cosas tal y como son, y eso es lo más horrible que puede ocurrir”.

Pero debemos buscar la asociación de la absenta, Picasso y Els 4 Gats.

El pintor en pleno periodo azul también tenía predilección por el consumo de la absenta y a Ángel Fernández de Soto como colega de sus juergas, correrías por los burdeles y contertulio en Els 4 Gats. Quizás influido por la tonalidad verde de la bebida, le dedicó un retrato que tituló “El bebedor de absenta” que recuerda a la pintura de El Greco y que pintó en plena efervescencia de la intelectualidad y bohemia que marcaban la pauta en aquellos años.

El estigma de la “musa verde” de este cuadro generó amplia polémica cuando hace tres años se subastó en la casa Christie’s de Londres. Se vendió por 42 millones de euros y previamente su venta pasó por los tribunales estadounidenses en un litigio que duró siete años y sentenció la propiedad real del cuadro.

Hadas, musas, inspiración, misterio…, la absenta, sigue siendo una bebida que cuando se consume, irremediablemente nos transporta al París de las luces y las sombras de finales del siglo XIX. ¿Será el hada verde?.